TRES, GUAPAS Y DE L.A.
Los Angeles, la ciudad soñada por cualquiera con un mínimo de espíritu cosmopolita y con un máximo de fetichismo por el neon y las palmeras.
Muchos son los directores que han decorado sus films con la noche o el dia Angelino, pero solo tres los que han logrado colocar a esa gran ciudad entre su plantilla de actores.
William Friedkin, más conocido como el hombre que acojonó a medio mundo allá por 1973 con su maravillosa El Exorcista (The Exorcist) y que más tarde metería a Al Pacino en serios problemas de cáriz homosexual en la nunca bien ponderada A La Caza (Cruising, 1980), parió en 1985 una pequeña maravilla llamada Vivir Y Morir en L.A. (To Live And Die In L.A.) con unos primerizos Willem Dafoe y John Turturro. Estoy hablando del thriller ochentero por antonomasia, una trama de corrupción y falsificadores con nuestra ciudad favorita como parte imprescindible de todo el metraje. IMPRESCINDIBLE.
Michael Mann, el perpetrador de joyitas como Hunter, Heat y El Dilema y de truñazos de la talla de Ali o Corrupción en Miami nos dejó boquiabiertos con esa mezcla de thriller postmodernista y street movie (road le vendría un poco grande) existencialista de nombre Collateral (2004) en la que demostró un par de cosas a tener muy en cuenta: 1º que sabe rodar como nadie los exteriores nocturnos de L.A. y 2º que es un gran director de actores (el conseguir una buena actuación de ese tocho de nombre Tom Cruise lo dice todo). El argumento no puede ser más apetecible, un taxista (Jamie Foxx) se ve obligado a vivir en primera persona los encargos de un asesino a sueldo (el tocho) que ha decidido usar su coche como transporte por toda la ciudad. APABULLANTE
A disfrutarlas preferentemente en sesión continua.


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